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Por Luis Rodriguez Salcedo

El 2017 habrán elecciones presidenciales en Francia. Los socialistas llegarán significativamente debilitados al impulsar una reforma laboral de corte neoliberal impuesta desde Bruselas. Sin embargo, en mi opinión están abiertas (o se están abriendo) las posibilidades para una reconfiguración del campo político francés. A partir de la incursión de movimientos y fuerzas sociales y políticas, que se expresaron en el 15M y que lo vienen haciendo con mucha fuerza  a partir de las movilizaciones contra la ley El Khomri, que precariza el trabajo en Francia.

Dependerá mucho de lo que sean capaces de hacer, estos actores, para irrumpir en la política oficial, construir poder, alrededor de un proyecto político contrahegemónico, cambiar la actual correlación de fuerzas y tener posibilidades de ganar las elecciones el próximo año.

Pero si un proyecto de este tipo llega a tener algún tipo de posibilidad para cambiar la sociedad y el Estado en Francia, esas posibilidades se jugaron en gran medida en las regionales del 2015, cuando el Partido Socialista y Partido Republicano, unidos en el Frente Republicano, decidieron cerrarle el paso al Frente Nacional – FN (que gano en seis regiones con el 27.7% de los votos, en primera vuelta).  El FR, para la segunda vuelta hizo un llamado a acudir a votar  (con lo cual la participación se incrementó en 10% entre la primera y segunda vuelta); lo socialistas llamaron a votar por la derecha. El propio Manuel Valls llamó a votar por la derecha. Los socialistas retiraron candidaturas donde sus posibilidades eran mínimas. Esto a contrapelo de Sarkosy que si bien llamaba a no votar por el FN no era partidario de unirse a los socialistas, en una estrategia conjunta.

¿La decisión fue fácil para los socialistas y más aún para los/as ciudadanos/as? En absoluto. Es el caso de Provenza-Alpes-Costa Azul (PACA), donde los socialistas tuvieron que hacer campaña y votar por Christian Estrosi, para cerrarle el paso a Marion Marechal-Le-Pen (sobrina de Marine Le Pen). Estrosi representa a la derecha más dura y conservadora (nuestra DBA al cuadrado). En palabras del candidato socialista Christophe Castaner en PACA, que retiro su candidatura, se trataba de escoger “entre la extrema derecha y la derecha extrema”. Los socialistas tuvieron que elegir la derecha extrema.

La extrema-derecha está creciendo de manera significativa en toda Europa. Ciertamente, entre otros motivos, porque la socialdemocracia dejó de representar una alternativa al neoliberalismo. Curiosamente, estos son los mismos motivos que explican el surgimiento y crecimiento del fundamentalismo islámico. De allí la importancia del surgimiento de organizaciones como Podemos y Siryza, entre otros. Pues como Zizek, recordando a Walter Benjamin, señalaba luego de ataque al semanario Charlie Hebdo: “cada ascenso del fascismo es testigo de una revolución fracasada (…) del fracaso de la izquierda, pero simultáneamente una prueba de que había un potencial revolucionario, una insatisfacción que la izquierda no pudo movilizar”.

A la luz de la coyuntura actual, y con la ventaja del que ve los hechos pasados, aun los mas recientes con la ventaja del tiempo ido, haberle cerrado el paso al FN no debe (no tiene) que derivar en un salvataje del bipartidismo que en realidad ha devenido en un único polo: de derechas y neoliberal y que está propiciando lo ya señalado. Si hay que darle un sentido (político) este debería ser: haberle cerrado el paso a la ultraderecha el 2015, debe (tiene) que contribuir a propiciar/mantener abierta la posibilidad que fuerzas izquierdistas, ambientalistas, progresistas y ciudadanos/as en general no necesariamente politizados, irrumpan en (y transformen) el campo político francés.

En Perú a una semana de las elecciones del 5 de Junio, lo que está en juego es como hacemos para evitar que la extrema derecha (dictatorial y mafiosa), el fujimorismo, llegue al poder y cierre la posibilidad de transformar el campo político, por lo menos hasta en 15 años. Posibilidad que ha sido abierta por clases y sectores populares que han jaqueado el Estado neoliberal desde hace más de una década y que han irrumpido decididamente en Abril de este año en el campo político configurando y consolidando además una geografía política hacia el cambio en nuestro país.

Es urgente y necesario que el llamado a votar por PPK, expresado por Veronika Mendoza, el día de hoy, venga acompañado de acciones todavía más decididas:  1) conformar un frente (o coordinadora o como se le quiera llamar)  por la democracia con las fuerzas políticas de izquierda, centro y centro derecha y las fuerzas sociales, las mismas que han ido manifestando su apoyo a PPK, individualmente quitándole el impacto y la fuerza de una manifestación conjunta; 2) que  se le plantee a PPK una especie de hoja de ruta por la democracia y hacia la izquierda (o es que acaso la agenda electoral no se había ya izquierdizado?) que permita la presión, fiscalización en un probable gobierno suyo; 3) que se llame a votar en defensa del Perú (pues mucha gente es posible que no acuda a votar). Es importante señalar que si bien toda negación es una afirmación, en política es un error quedarse en la mera oposición y no afirmar un proyecto. La campaña “Keiko no Va” es importante, insuficiente; y 4) que se llame a votar por PPK y por el Perú. Es necesario entender que lo que está en juego es cuidar, proteger, el espacio político abierto hacia el cambio en Abril de este año, en vistas a refundar la república, a construir la república del bicentenario.

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