mas ala tia maria
Foto: La República

Este último lunes los vecinos y agricultores del Valle del Tambo en Arequipa empezaron un paro indefinido como medida de protesta contra la licencia de construcción otorgada por el gobierno de Vizcarra al proyecto minero Tía María operado por la empresa Southern. Este problema no es reciente, viene de varios años atrás y ha dejado varios muertos en el camino. La posición desde las élites en el gobierno ha sido la de intentar imponer a palos el proyecto en la zona argumentando que no existen motivos para ningún tipo de protesta. Por su parte los agricultores del valle han expresado su preocupación por un proyecto que desde un inicio fue mal planteado y que en el camino no se han resuelto las observaciones que han ido apareciendo, a eso se suma la mala reputación que la misma empresa se ha generado en el sur del país, pero la preocupación principal es que en el desarrollo del proyecto se afecte la agricultura de la zona.

A todo esto, hemos visto durante la semana, sobre todo desde los principales medios, una serie de opiniones saludando la acción del gobierno y haciendo eco de la propaganda de la empresa. Mostrando la minería como el camino natural para el desarrollo del país, alabando la cantidad de puestos de trabajo directo que genera, pero sobre todo haciendo énfasis en la cantidad de puestos de trabajo indirectos que generaría, y que, según estos opinólogos, aquello desarrollaría envidiablemente el valle.

Si bien es cierto que existen una serie de contra ejemplos que pueden exponerse, lo que no señalan quienes aducen que el potencial del Perú es la de ser un país minero, es que gran parte de la utilidades que genera se van fuera del país y que la economía indirecta que se genera alrededor de estas industrias no genera un circulo virtuoso que apunte a la diversificación económica del país, sino que ese eslabonamiento ‘hacia atrás’ es absolutamente dependiente. No se han planteado en todo este tiempo siquiera pensar en desarrollar el eslabonamiento hacia adelante respecto a la extracción de minerales que permita desarrollar otras ramas industriales y así diversificar nuestra triste economía primaria exportadora.

Una de las cosas más repudiables que salen a la luz en estos contextos es el trato que tienen las élites, allegados e interesados de turno para con los ciudadanos situados en los alrededores de un potencial proyecto extractivo. Desde el desafortunado pero memorable “porque son perros pues” que respondía un policía a una ciudadana que le preguntaba ‘¿por qué nos pegan?’ en una manifestación en Cajamarca, hasta el sembrado de armas que le hacia la policía en una protesta precisamente en el Valle del Tambo a un ciudadano que participaba en manifestaciones anteriores. A eso se suma el trato paternalista, centralista, unidimensional con la cual se mira a los ciudadanos de estos territorios. Y ahí, quizá, esta su más grande error en términos políticos: creer que la gente es “azuzada”, “convencida”, “engañada” por terceros, como si no fueran peruanos como cualquier otro que con un mínimo de criterio cuestiona, pregunta y reclama. Esta miopía los lleva a no entender en realidad que el problema no es entre la empresa y los ciudadanos de la zona, donde el gobierno es un intermediario; sino que el problema es la conducción del país por parte del gobierno, en este caso específicamente la conducción de la economía, es decir la gestión y el sentido que tiene esta, vale preguntarnos ¿la economía peruana tiene como centro el bienestar de los ciudadanos?

Un columnista liberal de un diario limeño señalaba que el ministro del interior habría convencido al presidente de que no se repetirían las protestas de años atrás en el Valle del Tambo, ya que en aquella ocasión lo que habría fallado sería la estrategia policial. Ante semejante afirmación queda la sorpresa -una vez más- de que para algunos entusiastas del neoliberalismo este tipo de problemas son meros tramites de táctica policial, reduciendo un problema multidimensional a solo una cuestión de mala estrategia.

Entre varias de las opiniones van también las que gritan ‘pidiendo’ dialogo. Lo que no se señala es que éste está condicionado a una sola respuesta: decir sí a Tía María. No conciben de otro modo el dialogo. Para que exista de verdad tiene que haber un respeto por las posiciones distintas (aspecto ya deteriorado por la durísima represión de años anteriores y el despotismo en el trato a los vecinos del valle), y por el resultado que salga de estas. En ese sentido, ya a través de los años ha quedado claro cuál es la opinión del Valle del Tambo.

Es cierto que Vizcarra vive entre la espada y la pared desde el primer día que es presidente. Lo presionan los ultraconservadores que buscan salvar su pellejo, la élite económica que busca lucrar más y más a costa de los ciudadanos, y los ciudadanos que buscan reformas de fondo a una democracia neoliberal ya caduca.  Y el problema es que no se puede estar bien con dios y con diablo. De ese modo Vizcarra nuevamente da tumbos para definirse.

La discusión de fondo que los liberales no quieren dar es el referido al sentido del desarrollo. Hablan, mejor dicho acusan, de una supuesta izquierda retrograda y sin propuesta que se opone por oponer. Lo que no dicen es que sus modelos están caducos, que lo único que hacen es seguir con un piloto automático sin cuestionar hacia donde estamos marchando como sociedad. Las discusiones sobre la situación de nuestro planeta, por ejemplo, nos dan luces y plazos para actuar al respecto. Hay por una parte la amenaza a la humanidad que implica el cambio climático que tiene como un pilar la sobreexplotación de recursos limitados; y hay por otra, unas sociedades con economías que tienen como centro el lucro ilimitado y la cultura consumista ilimitada. Es incompatible el actual modelo de desarrollo, su gestión y sentido, con preservar las mejores condiciones para la vida humana hoy y mañana.

De los relatos de Cieza de León se desprende que a sus ojos el Perú era un desierto con islas de sociedad entre cuenca y cuenca. Siendo las cuencas un aspecto central en la composición de nuestro país, la preservación de estas resulta vital. Ya hoy vemos algunas cuencas importantes amenazadas por posible contaminación que puede generar efectos irreversibles, hay riesgos en la cuenca del Rímac, del Mantaro en la que hace unos días en hubo un derrame, etc.

A la luz de todo esto, de lo que nos tienen acostumbrados los medios, los ultra conservadores, los neoliberales, etc., sorprende la propuesta caduca de quienes, en momentos tan críticos para el país, se autodenominan ‘liberales’ y enarbolan verbos republicanos. El día que los liberales quieran hacer del Perú un país que camine hacia una economía del conocimiento y no seguir siendo una vulgar pedrería se los podrá tomar más en serio.

Algo es cierto, es absurdo pensar que de un día para otro podemos dejar de vender piedras. Por ello resulta urgente una reforma respecto al uso y manejo de los recursos naturales en el país. La gestión de estos recursos que viene dándose en Bolivia, por ejemplo, con respecto a la minería resulta sumamente interesante. La extracción minera no es anárquica, sino que responde a un proyecto que busca industrializar estos recursos y desarrollar cualitativamente la economía del país. Para ello es importante que las utilidades sean destinadas enteramente al desarrollo del país, y no al lucro de mercaderes locales o foráneos. Si las utilidades de estas industrias no tienen como fin el desarrollo integral del país, incluido la ineludible relación con el ambiente, no tiene sentido insistir en el absurdo económico que hoy tiene el país. Sin una ruta el piloto automático nos lleva a un despeñadero.

Por Víctor Cárdenas

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