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El último 24 de junio se cumplieron 50 años de la Reforma Agraria. Este suceso es recordado de dos maneras casi opuestas. Para unos es recordado como un acto de justicia, por lo que la fecha supone un motivo para celebrar. Para otros, la reforma es la fuente de todos los males que atraviesa el país. Si bien se ha escrito mucho sobre la Reforma Agraria, considero que es necesario salir de los espacios académicos en los que se insertan muchos de los estudios al respecto para acceder a un espacio más masivo y ahí entender este suceso bajo una perspectiva histórica.

Para Rosa María Palacios, como lo dejó claro en una reciente discusión en Twitter con Marisa Glave, la reforma supuso el “robo” de tierras a sus “legítimos propietarios”. Para Aldo Mariátegui, Velasco devastó el campo y lo hizo retroceder cien años (2019). Para César Luna Victoria, el remedio fue peor que la enfermedad (2019). Bajo este enfoque, la reforma se muestra como un robo de tierras a aquellos que debían desarrollar el agro peruano. Este robo, además de ser un acto de injusticia, ahuyentó a estos señores designados para generar desarrollo y los reemplazó por otros sujetos que nos hicieron retroceder en el tiempo. Incluso, para Mariategui, además del atraso, esta situación desencadenó la aparición de Sendero, ya que, de no haber habido reforma, los gamonales “habrían impedido que Sendero se extienda” (2019).

Queda claro, entonces, que la reforma de Velasco fue un “robo”, fue un “atentado al desarrollo del agro”, fue una irresponsabilidad al darle papel protagónico a “sujetos no preparados”, fue una medida para “devolvernos al siglo XIX”, fue un factor que permitió el surgimiento de Sendero y apartó a una clase que era la designada para “salvar” y “desarrollar” al Perú.

El problema con esta perspectiva es que olvida, no sé si deliberadamente o sin darse cuenta, muchos hechos históricos que son de común conocimiento dentro de espacios académicos, pero no siempre entre la población en general. Por ejemplo, durante los años 60, la reforma agraria era un tema en agenda en muchos países de Latinoamérica. No se trataba de una dirección comunista. Al contrario, los capitalistas también la sugerían. Este tema, incluso, llegó a ser impulsado por el propio gobierno de los Estados Unidos, quienes reconocieron que la propiedad de las tierras recaía en sistemas injustos y de explotación (Sepúlveda, 1967). Evidentemente, la intención detrás era impedir que surjan más casos como Cuba en Latinoamérica.

En realidad, como lo han llegado a mostrar diversas investigaciones, lo que ocurría en las haciendas peruanas de esa época era la reproducción de un sistema feudal, donde el hacendado poseía tierras y todo lo que allí había. En medio de ese “todo lo que allí había” el hacendado se permitía ser propietario de hombres y mujeres indígenas que utilizaba bajo su conveniencia (Domínguez Faura, 2019).

Otro hecho cuestionable es el cómo los gamonales adquirieron sus tierras. En muchos casos, la apropiación de estas tierras fue el resultado de la reproducción de un sistema de injusticias, en el que los indígenas no eran considerados humanos, solo elementos sin capacidad de decisión. De esta manera, no fue difícil arrebatarles las tierras que ellos trabajaban.

Con esto, no quiero decir que los indígenas de las haciendas sean los legítimos herederos de las antiguas comunidades ni que sean un remanente de las civilizaciones anteriores. Lo que quiero afirmar es que el sistema de ese momento permitió que el más fuerte se quede con la tierra, es decir, no consideró el principio de justicia en la propiedad. Entonces, bajo este enfoque, la Reforma Agraria no fue simplemente un robo a justos propietarios de terrenos. La reforma fue más una modificación de las estructuras sociales del país, lo que permitió dejar atrás un sistema feudal en pleno siglo XX.

Un tema diferente es lo que vino después.  En términos sociales, la reforma resultó un acto necesario, que respondía a una necesidad histórica y acababa con la explotación de personas de manera institucionalizada. Bajo esta lógica resulta más convincente pensar que, a diferencia de lo señalado por Aldo Mariátegui (2019), la reforma sentó bases para impedir el triunfo de Sendero. Si el enemigo hubiera sido el patrón, posiblemente Sendero habría tenido más adeptos en estos espacios.

En términos económicos, la reforma no fue un éxito. La culpa, posiblemente, fue del manejo económico de ese gobierno y del siguiente. Además, se puede afirmar que esa agencia que Velasco buscó reconocerles a los campesinos, se las negó en la implementación de la reforma. ¿Cuánto conocían los campesinos sobre el cooperativismo? ¿Estaban de acuerdo con ese modelo? ¿Alguien les hizo la consulta?

Es necesario entender la reforma desde la perspectiva de los actores involucrados, y en su espacio y tiempo. El discurso que más ha primado es el que recoge la visión de los hacendados, pero el de los hacendados de hoy. Sería conveniente tratar de recoger la visión de los trabajadores agrarios, conocer sus demandas, intereses y necesidades. Posiblemente ahí falló la reforma, al tratar de imponer un modelo planificado desde Lima sin incorporar a los actores principales del agro: los campesinos. En eso también fallamos quienes tratamos de entender la reforma desde Lima en el 2019.

Por José Banda

 

 

Bibliografía

Domínguez Faura, Nicanor (2019). ¿Cómo se llegó a la Reforma Agraria de 1969? Noticias SER 19 de junio. http://www.noticiasser.pe/opinion/como-se-llego-la-reforma-agraria-de-1969-i

Luna Victoria, César (2019). Remedios agrarios. Perú 21. 29 de junio. https://peru21.pe/opinion/remedios-agrarios-487375

Mariátegui, Aldo (2019). Comunistas peores que los gamonales. Perú 21. 26 de junio. https://peru21.pe/opinion/ensayos-impopulares-aldo-mariategui/comunistas-peores-gamonales-486675

Sepúlveda, César (1967) Reflexiones sobre la Alianza para el Progreso. Foro Internacional 8, 68-79. https://forointernacional.colmex.mx/index.php/fi/article/download/333/323

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