Por Víctor Cárdenas

Hace unas semanas un grupo de seis países, entre ellos Perú, decidieron suspender su participación de la Unasur. Esta decisión se dio luego de la Cumbre de las Américas que quedó deslucida cuando la agenda internacional diera un giro inesperado días previos poniendo bajo los reflectores la guerra en medio oriente y los supuestos bombardeos químicos, desmentidos después, por Siria. La agenda oficial de la cumbre era la lucha contra la corrupción, pero la agenda real era una clara demostración de fuerzas por parte de los envalentonados gobiernos pro EEUU de la región contra Venezuela y sus aliados. Se venía haciendo un lento trabajo que incluyó la visita del entonces Secretario de Estado Rex Tillerson derramando lisura por el continente. Los reflectores internacionales viraron, Trump canceló, caía el gobierno peruano por corrupción, Maduro no vino y los pueblos de Latinoamérica en Lima les hicieron el frente a los oficialistas con la Cumbre de los Pueblos.

La negativa a seguir participando de la Unasur luego de la Cumbre, y en el momento que Bolivia asumía la presidencia, fue precisamente el modo de respuesta del bloque pro Trump ante el fracaso de sus planes iniciales. Y eso es algo que debe preocuparnos. El total desparpajo de las élites del continente para echar hacia atrás los pasos, tímidos aún, de integración regional. ¿A dónde quieren ir las élites? Es claro que a tribalizar más la región. Ante las olas que trajeron vientos justicieros a la región y la facilidad con la que por momentos avanzaba asustó. Y es claro que si para las élites, que gobiernan la región más desigual del mundo, integración significa sustos como los de las últimas décadas prefieren trabajar por conseguir lo contrario. De ahí su vocación por afianzar la fragmentación de la región.

En el plano de la política internacional las posiciones van apuntando a cada vez polarizarse más. El creciente debilitamiento de las opciones de centro-político, defensores de la globalización en el sentido neoliberal, y la emergencia de opciones de abierta oposición al status quo evidencian los cambios que se viven en el mundo y que están formando, para diversos analistas, un escenario de confrontaciones y de precaria multipolaridad.

En ese escenario mundial de disputas entre bloques de países las élites latinoamericanas se han definido. ¿Y los pueblos de Latinoamérica? nos toca beber de lo mejor que tiene el pensamiento de nuestros pueblos con respecto a pensar en articular al continente. No es una utopía sino un horizonte real de que en ésta recomposición de los bloques de poder en el planeta nuestra región afirme su integración y se pare ante el mundo como un polo; un actor colectivo capaz de superar la triste historia que hasta hoy nos persigue al ser la zona más desigual del planeta. La tarea esta en las calles.

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