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Por Camilo Gómez*

Educación es una palabra que une a todos no importa el espectro político. Conservadores, liberales, progresistas y radicales siempre prometerán más y mejor educación. Aparentemente nadie cuestionaría esto. Pero el economista norteamericano Bryan Caplan en su reciente libro The Case Against Education (en español: El caso contra la educación) ofrece una visión un tanto más oscura del tema. Caplan analiza tanto la teoría del capital humano que señala que la educación sirve porque brinda herramientas que luego serán usadas en el trabajo como la teoría del señalamiento que indica que indica que el tener un diploma de haber terminado una determinada etapa educativa es beneficioso no por los conocimientos sino porque los diplomas señalan inteligencia y conformidad algo que es valorado por el mercado laboral.

Aunque la mayoría de economistas de la educación consideran que la realidad combina algo de ambas teorías generalmente favorecen la idea del capital humano. En cambio, Caplan señala que cerca del 80% en cuestión de la educación se debe a la teoría del señalamiento. ¿Por qué una cifra tan alta? El autor se basa en estadísticas para mostrar que la gran mayoría de la que aprendemos tanto en el colegio como la universidad se olvida en un período de 5 años a menos de que sea usado con frecuencia; por ejemplo científicos, ingenieros y economistas difícilmente olvidan las matemáticas del último grado de secundaria porque las siguen usando en la universidad pero no es el caso para la mayoría de carreras, no es común que un periodista use trigonometría para escribir un artículo o que un abogado presente ecuaciones diferenciales en un juicio.

Pero incluso si no se olvida hay muchas cosas que nunca se usan en el trabajo. Por ejemplo, la gran mayoría de profesionales que no van a ciencias básicas, ingeniería o medicina muy difícilmente utilizaran conocimientos en biología, química o física. No solo eso, señala Caplan que en la universidad en la que por lo general el tema de la asistencia es más flexible, muchos alumnos se hacen de la costumbre de faltar a clase.

El valor del diploma es algo central. Los ingresos comparados entre alumnos que se lograron graduar de la universidad y los que les falto el último año es una indicación que para los empleadores los títulos son un tema central. El autor hace la pregunta si una persona podría elegir entre un diploma de Princeton y una educación en Princeton pero sin diploma, obviamente la mayoría elegiría la primera.

El libro de Caplan está lejos de ser perfecto aunque se llama El caso contra la educación de forma genérica parecería estar criticando el contexto norteamericano de la educación más que el internacional pese a que presenta estadísticas de diversos países esto parece algo más anecdótico que un hecho central.

Caplan señala que el aprender un idioma extranjero en los Estados Unidos es bastante inútil, algo que tal vez sea cierto. Sin embargo, las estadísticas han señalado que un buen conocimiento del inglés en países no anglosajones puede llegar a verse reflejados en el PBI porque favorece la inversión extranjera y el turismo.

El autor también critica mucho a las artes y la educación física. Obviamente ninguna de estas tiene como objetivo per se de la empleabilidad de los egresados de secundaria sino la formación integral del individuo. Uno esperaría que alguien tan inteligente como Caplan notaría la diferencia.

Pese a que el contexto de la educación norteamericana y peruana son muy distintos hay muchas lecciones que más tienen que ver con el sentido común. Caplan señala que el problema de Estados Unidos es que muchos de los recientes graduados universitarios no encuentran trabajos o en su defecto encuentra trabajos como mesero, cajero o guardia de seguridad para los que obviamente no se necesitaba educación universitaria y cuyos salarios no son ni siquiera cercanos a lo que la mayoría de recientes graduados esperaba.

Aunque en el contexto peruano las estadísticas no son hasta ahora tan desacelentadoras, lo más probable es que un futuro con los egresados de las decenas de universidades-empresa que ofrecen una educación de baja calidad se sumen al mercado laboral van a hacer crecer al cerca de 30% de graduados universitarios peruanos que hoy trabaja en empleos para los que en teoría no se necesitaba educación universitaria.

¿Qué hacer? Caplan sugiere mirar al modelo de educación técnica de Alemania y Suiza. En esos países hay altos estándares de vida y una amplia clase media. Pero como se dio esto. En ambos países hay educación técnica de alta calidad que se ofrece en los últimos años de secundaria. Así el egresado de secundaria generalmente consigue trabajo al terminar sus estudios y en promedio sus ingresos son bastante cercanos sino superiores a la de los graduados universitarios.

La idea de que uno deba tener una título universitario o incluso un postgrado para tener una vida digna debería quedar en el desuso. En el él Perú faltan muchos guías turísticos y técnicos especializados de crearse carreras técnicas en los colegios secundarios para estas ocupaciones se incrementaría rápidamente la productividad de la economía peruana.

¿Por qué nadie promueve esto? La derecha está aliada con las universidades-empresa siendo ellos mismos los mercaderes de la educación de baja calidad. La izquierda tiene una visión romántica de la universidad, en realidad sería más fácil sindicalizar a los trabajadores técnicos que hacer activismo político en universidades en que incluso los libros de Karl Marx brillan por su ausencia.

Tres materias deben ser clave: lenguaje, matemáticas e inglés. Como señala Caplan todo egresado de un colegio sin importar si es técnico o regular saber como escribir, leer y hablar así como resolver problemas básicos de matemática. El inglés es necesario para ser parte de un mundo global.

Obviamente nadie dice que no sea importante la labor de médicos, ingenieros, abogados y otros profesionales solo que es imposible creer que si todos terminan una carrera universitaria tendrán un buen empleo. Un ejemplo perfecto es Corea del Sur dónde hay tantos graduados universitarios que algunos incluso están trabajando limpiando baños no señalo que esto sea algo malo pero me imagino que la mayoría de personas no asiste a la universidad pensando que ese será su destino. Obviamente en el Perú la educación universitaria está a años luz de Estados Unidos por lo que hay que seguir trabajando por la acreditación de su calidad pero si so omite la educación técnica se estaría cayendo en grave error. Solo estando en contra del modelo de educación actual se puede estar a favor de la educación del futuro, tal vez esa sea la mayor reflexión que este libro nos deja.

*Camilo Gómez es un escritor de la fundación Young Voices.

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