Hay paralelismos que asustan. Diez años después del crack del 29 el mundo presenció el inicio de la II Guerra Mundial. Hoy, diez años después de la gran recesión, nuestra generación, la juventud más numerosa de la historia, es expectante testigo de una creciente tensión.  El realista, a quien muchas veces se lo confunde con el pesimismo, tiene que escarbar hondo sobre una tierra seca para encontrar un poco de esperanza. Esperanza que como el agua es cada vez más esquiva. Y que arguye el realista? Cinco mil cuerpos humanos han flotado el año pasado en el mar mediterráneo. Son cinco mil esperanzas muertas, refugiados por la violencia política y religiosa, migrantes de la miseria económica que perecieron en su huida a una tierra mejor.

Hay un temor creciente por el inicio de una nueva guerra. La guerra, tal parece, no puede empezar, ya ha comenzado. Desplazados y trabajadores precarios. Descalzos y esclavos. Al realista no le convence ningún discurso que anuncie la buena nueva traída por las ideas disrruptivas. Para el realista Silicon Valley solo es un gran centro de explotación internacional del trabajo calificado. Uber y Airbn solo son nuevas formas de establecer relaciones laborales cada vez más llenas de deberes para el trabajador y cada vez más vacías de derechos.  El realista solo cree en lo que consigue vendiendo sus cultivos, su ingreso tan volátil como la incertidumbre de estos tiempos. Ingreso que siendo poco tiene la cualidad del alcohol: se evapora más rápido que el agua. El realista pues, está lejos de empezar el día sonriendo. De camino a casa la lluvia convierte en barro una tierra arcillosa, lo mancha, es lo que le faltaba.

En medio de una lluvia torrencial hay una persona a quien no le importa mojarse por completo. “Yo he visto algo más que ojos tristes, he visto más que cadáveres putrefactos”. “He visto la guerra acabar, mujeres, niños y hombres desconocidos abrazándose, conformando un cuerpo de multitudes”. Cuando solo se pedía dar la vida, hombres y mujeres dieron mucho más que eso. Esta persona anciana, mojada por completo, advirtió. La tragedia es una forma de pedagogía y los sueños más hermosos nacieron de la noche más doliente. Yo tengo 91 años y soy una persona romántica.

Al romantico que mucha veces se lo confunde con el idealismo tiene fe porque ha podido ver los dos lados de la condición humana. Ha visto la solidaridad y el egoísmo, ha visto a quienes luchan y a quienes se rinden. Ha visto gritos y llantos, silencios y ruidos, ha visto sonrisas y cantos. El romántico arenga porque tiene voz, corre porque tiene piernas, abraza porque tiene manos, ama porque tiene corazón, lucha porque tiene vida. El romántico se enamora de su fe, lo asume, lo representa corpóreamente.

El romántico regresa a su casa, se seca un poco y se dispone a dormir. Y no se va a dormir solo pues dentro de sí también duerme el realista. Ambos eran en realidad uno. Y para nosotros nos preguntamos: Quién sabrá quién despierte mañana?

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