La admiración que suscita la capacidad de algunos científicos geniales para plantear teorías sobre nuestro mundo físico es bastante mayor comparada con la admiración que provoca los intentos de comprender el mundo social, en particular, el campo de la economía.

Tal vez sea que el atrevimiento haya sido insuficiente, o que la disciplina económica ha estado en buena parte sometida a intereses ideológicos que no han dejado volar libremente  la creatividad y la innovación científica a la hora de intentar comprender realmente lo que significa el ámbito de lo económico. Y sin embargo, los iniciadores de lo que hoy se conoce como Ciencia Económica, y que en su momento se hacía llamar Economía Política, fueron pensadores audaces, profundos e inagotables, he ahí la necesidad de considerar a Smith, Ricardo, Mill y Marx como autores clásicos.

Los rumbos que ha tomado la disciplina económica no son rumbos marcados por una competencia entre distintos puntos de vista contrastados ante evidencias empíricas como podría ser mas o menos el camino seguido por las ciencias duras. La economía, y hablamos acá de la economía convencional definida como la que se enseña a modo estándar en los programas universitarios, se ha definido en su historia por cierta arbitrariedad epistemológica, por ciertos progresos que no cierran etapas consideradas previas. Se ha abandonado la consideración de las clases sociales como el sujeto central de análisis, el problema de la distribución se ha convertido en una mera consecuencia del proceso económico dominado por una visión ingenieril de la actividad económica. Ya no se habla de teoría de valor y la riqueza es en la practica confundida con el ingreso monetario. La ciencia económica ha abandonado a sus padres fundadores, es una ciencia huérfana que se cree omnipotente.

La economía estándar ha creado un mundo a imagen y semejanza de los sueños de la modernidad liberal, y la doctrina institucionalista entra a llenar los vacíos que una superficial concepción del mundo deja regados. No hay clase trabajadora sino factor trabajo, no hay mas relaciones sociales ni política. La ciencia económica en su pretensión de ser ciencia próxima a la teoría física, busca ser aséptica, libre de la contaminación de sus primas hermanas como la sociología y la antropología. La economía abandonó la filosofía por adoptar solo una visión de la realidad.

Esta es la economía que hay que dejar al ejército de jóvenes, adultos y viejos que buscan hacer crematística antes que realmente economía. Estamos ante la ciencia de la decadencia, donde el verdadero único bien escaso es la inteligencia, donde se persigue la elegancia formal en detrimento de la aspiración mas grandiosa de la mente humana: comprender las causas profundas, los motivos subyacentes, los procesos que dan vida al entorno, en nuestro caso, a la forja diaria y diaria de la vida material, de la existencia en sociedad, atravesada por múltiples ejes: historia, política, violencia. Por nombrar solo algunos de ellos.

Pero la sociedad corre sin rienda porque sin rienda anda la voluntad de hombres y mujeres que persiguen su libertad. Y en ese devenir, en ese trayecto práctico que se ejerce sin orden superior alguno en donde se crea el ámbito de lo posible. De lo que es posible en el ejercicio de la vida misma, de sus diversas facetas, la procreación, el arte, la actividad de subsistencia, la inquietud existencial, la organización social. Aquí se encuentras las posibilidades de retomar los debates sobre la riqueza, el valor, la distribución y las clases sociales. Adentrarnos más allá de lo se nos aparece ante los ojos para comprender cómo funciona el mundo social es lo que nos promete la Economía Política, entender las causas de la desigualdad, el desempleo, es tarea de valientes. Solo si somos capaces de atrevernos a la innovación teórica, a dar los pasos siguientes por adelante de los clásicos, habremos creado una ciencia digna de admiración y entusiasmo.

 

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