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Los socialistas hace unos días han decidido seguir bregando por una unidad amplia que permita hacer un combate a los sectores abiertamente neoliberales. Si bien esa decisión era inesperada para muchos, es necesario dar vueltas a algunas de las premisas sobre las cuales han partido para tomar sus definiciones.

Una primera premisa discutida es el tema de la unidad. Para aquello habría que tomar en cuenta el para qué de la unidad, qué perspectiva tiene. Esto va a variar si se trata de una unidad electoral o si se trata de una unidad estratégica/programática. No hay duda de que si se trata de tener la mayor eficacia política se tiene que sumar todo lo que haya que sumar, pues el objetivo de aquella unidad existe en tanto se logre la victoria electoral. Para el caso de la unidad estratégico/programática el reto es en esencia el fortalecimiento de esa unidad y el avance en objetivos estratégicos (reconstrucción del tejido social, renovación en ideas de la izquierda, construirse como un referente de masas, etc.) y los programáticos (disputa con la derecha de los aspectos de la vida social, construcción de un programa político antineoliberal, etc.).

Es ante esa disyuntiva que los socialistas van a hablar de una dualidad de retos que plantea el 2016. En otras palabras de lo que se trata es de construir  una unidad estratégica/programática –construcción de los gérmenes de un movimiento político social amplio– con la mayor efectividad electoral posible. Pues de lo que se trata no solo es de tener una posibilidad real de disputar el plano institucional, sino también la de fortalecer un proyecto político que plantee la disputa también en otros planos de la vida social. Es en esta medida que los socialistas hablan de unidad. Sin embargo, y es bien claro, desde ambos lados van a contraponer los dos tipos de unidad descolocando la propuesta socialista. Y mientras unos apuestan a ‘ganador’ en un espacio que es meramente electoral, otros se resignan diciendo que no importa ganar, “ese no es el objetivo” dicen, sino hacerse visibles nomas, en síntesis acumular.

Ahí esta la incomprendida –hasta ahora– discrepancia de los socialistas con los diversos sectores de la izquierda. De lo que se trata, y es algo compartido por nosotros, es de que la izquierda necesita las mejores condiciones para enfrentar el 2016 contraponiendo a la derecha un programa antineoliberal. Ello implica que la construcción de aquella unidad tiene que pasar por todas las fuerzas que se contraponen al modelo. Estas indudablemente son muy heterogéneas y quizá hasta en disputa al interior de la izquierda. Pero su aporte es necesario para tener la mayor efectividad en un terreno –electoral o disputa institucional– donde las condiciones de la izquierda son pésimas per se. Sumado al carácter de la efectividad esta un aspecto que trasciende la disputa institucional y la enmarca como horizonte mayor. Es la de fortalecer el proceso de construcción de una herramienta política eficaz o la de un movimiento político/social amplio que avance en sus tareas estratégicas en una coyuntura como la del 2016. Ese es el reto que los socialistas plantean cuando hablan de unidad. Efectividad y perspectiva.

La decisión de apoyar a Veronika Mendoza, tiene que ver con ese último aspecto que mencionamos. El problema de aquello, es que resulta corto para afirmar claramente la apuesta socialista al 2016. La decisión de participar en las primarias de la izquierda, o valga decir izquierdas, confunde más en tanto que no hacen explicito los términos sobre las cuales entienden la unidad.

El reto es grande y los objetivos buenos, sin embargo, el panorama parece apuntar de manera distinta. Eso es claro. Y ante un posible fracaso que planteará una polarización de perspectivas de unidad, sin duda, la opción va por la que escapa a lo coyuntural.

Finalmente es necesario que esta discusión de coyuntura no pierda la perspectiva estratégica del periodo. La estrategia de Gobierno y Poder formulada por los socialistas en este periodo resulta insuficiente para entender la actual realidad y actuar sobre ella para una salida que apunte a una resolución de clase. La reformulación estratégica que hoy enarbola la juventud apunta a superar el problema de la estrategia de periodo que hoy en la izquierda aún no ha sido discutida seriamente. El fracaso estratégico de los años 80tas y la de la salida que se dio al problema de la dictadura son ejemplos del reto que plantea una discusión estratégica al interior de las fuerzas de izquierda.

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