Apuntes Iniciales*

lucho

Por Luis Rodríguez

En el Perú, en nuestras filas, un ciclo largo ha concluido. Se inició con Mariategui y su debate con la Komintern y con Haya de la Torre; comprende la etapa de predominio y declive del PCUS; la creciente influencia del PCCh y el triunfo de la revolución cubana. En los sesentas, la Nueva Izquierda, nace al calor de esa influencia pero si bien bebió de esas fuentes su opción, su orientación, fue más bien por construir un socialismo indoamericano, mariateguista.

Con la Asamblea Constituyente del 79 comienza la crisis que se acelera en un contexto de conflicto armado interno y finalmente se profundiza con la división de Izquierda Unida y se expresa en toda su dimensión en las elecciones presidenciales de 1995, habíamos prácticamente desaparecido. En la segunda mitad de los noventa se inicia una última etapa, caracterizada por la hegemonía del liberal-socialismo, que concluyó definitivamente con el proceso electoral de Octubre 2014, donde la contradicción, si se puede hablar de ello, giró alrededor de la eficiencia tecnocrática y la “ética” en el manejo de la cosa pública.

Los socialistas no podemos seguir atrapados – sin el riesgo de ver convertida la vida en sociedad en una barbarie – al interior de las actuales coordenadas políticas e ideológicas impuestas por la burguesía y el liberalismo (el consenso liberal, como diría Wallerstein). Sino que debemos cambiarlas. Es decir, debemos cambiar los términos y condiciones de la disputa política. Debemos construir una nueva hegemonía.

Resulta bastante claro que somos parte de una generación a la que corresponde cerrar un ciclo y abrir otro. ¿Por dónde empezar?. Dice Zizek: “en 1990, una cierta época, la época de la lucha comunista del siglo XX, terminó. Uno debería pensar hasta el final esta ruptura, uno debería aterrizar los fundamentos de un nuevo comienzo. Como Lenin lo puso “uno debería empezar desde el principio otra vez””. Sentar las bases de un nuevo comienzo supone pensar y actuar con sentido histórico. Supone por tanto recuperar a Marx y Lenin, Mariategui y Arguedas. Sin perder de vista que toda producción teórica, todo conocimiento, es en última instancia un producto histórico-social: “esto es, siempre referido a un universo intersubjetivo históricamente constituido” (Quijano, 1995).

Esto es de primerísima importancia puesto que nos permitirá superar la actual forma posmoderna del pensamiento y el quehacer político. A partir del cual se desustancializa la propia política y el pensamiento socialista. En relación a lo primero, el liberalismo ha convertido a la política en un campo neutro eliminando todo antagonismo. En relación a lo segundo, se puede ser socialista sin el cuerpo teórico y la tradición que nos hace ser tales. El resultado es un hibrido, que ha venido en llamarse liberal-socialismo/progresismo/izquierdismo.

Este ejercicio de re-invención, de re-fundación, no puede darse sin la gente. No es un esfuerzo academicista. Por el contrario es un proyecto político. Supone por tanto entroparse con ellos/as, recoger sus luchas, asumirlas, analizarlas, explicarlas y orientarlas hacia un proyecto político mayor, el socialismo. En tal sentido, la construcción de un nuevo orden, pasará de ser un simple anhelo a convertirse en una posibilidad real a  construirse a partir de las grietas del propio capitalismo. Y es aquí donde Marx y Mariategui son fundamentales.

Si hay algo que permanece y resulta vigente del análisis que hiciera Marx respecto del capitalismo (más allá de la teoría del valor, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, etc.) es su preocupación por la “emancipación radical” del ser humano (planteémoslo así en forma general). No obstante, ha sido, paradójicamente, en el esfuerzo por hacer realidad ese anhelo cuando lo hemos abandonado hasta finalmente terminar por perderlo. Esa fue quizá la brecha originaria del socialismo realmente existente.

Frente al derrumbe del socialismo realmente existente muchos/as, particularmente las generaciones anteriores, han arrojado al niño junto con el agua sucia. Oscar Ugarteche ha señalado con acierto que vivimos un cambio de época (a partir de la constatación de varias crisis mundiales: económica, ambiental, del empleo, energética, política). Para los socialistas, la salida no pasa por atender las crisis por separado como si fueran compartimentos estancos o errando en el blanco y convirtiendo, por ejemplo, el cambio climático en la “contradicción principal de nuestro tiempo”. Por el contrario, como Zizek lo pone, es necesario entender que “el Todo es contenido por sus Partes” por lo que el destino de la vida en el planeta (el Todo) se esconde tras lo que viene ocurriendo en una de sus partes (el modo de producción socio – económico de la especie humana). En tal sentido, salvar el planeta solo es posible resolviendo (superando) el modo de producción capitalista.

La crisis ecológica nos muestra que el despliegue de la libertad, en sentido liberal, ha sido posible a costa de “los parámetros geológicos básicos de la vida sobre la tierra”. Lo que desnuda una falla real del liberalismo. En tal sentido, el cambio de época plantea en el fondo el problema de la libertad. Los socialistas hemos de reconocer la relación dialéctica que existe entre el Todo, el Universal, y una de sus partes, el Particular. En tal sentido, la lucha por la emancipación de la clase trabajadora, hoy recobra mayor vigencia y necesidad que nunca, se convierte no solo en la lucha por la emancipación de la humanidad entera sino en la lucha por salvar la vida en el planeta. Con lo que se encuentra en orden del día, el retorno del socialismo. En ese esfuerzo el aporte de Marx y Mariategui resultan fundamentales.

Dice Mariategui: “los verdaderos revolucionarios, no proceden nunca como si la historia comenzara con ellos…Marx extrajo del estudio completo de la economía burguesa, sus principios de política socialista. Toda la experiencia industrial y financiera del capitalismo está en su doctrina anticapitalista”. (heterodoxia de la tradición, 25 nov 1927). “La tradición se caracteriza precisamente por su resistencia a dejarse a aprehender en una formula hermética. Como resultado de una serie de experiencias – esto es de sucesivas transformaciones de la realidad bajo la acción de un ideal que la supera consultándola y la modela obedeciéndola- la tradición es heterogénea  y contradictoria en sus componentes. Para reducirla a un concepto único es preciso contentarse con su esencia, renunciando a sus diversas cristalizaciones”. (heterodoxia de la tradición, 25 nov 1927).

A la luz de esta cita yo diría que Zizek es un aplicado lector de Mariategui  y es clave para recordar que en 1990, una cierta época, la época de la lucha comunista del siglo XX, terminó. Una de las cristalizaciones por – aquello que es eterno en Marx y Mariategui – la emancipación radical del hombre se acabó. Corresponde comenzar de nuevo. En un proceso similar al de Odiseo. El proyecto de la Odisea es el del nostos (del retorno). Del hombre que vuelve a casa – a la patria al fin – profundamente re-novado. Es decir, sin dejar de ser él, es profundamente más que él mismo. En mi opinión de eso trata la dialéctica. Bueno pues, Mariategui nos invita a realizar esa superación, individual y colectiva, en el marco de una tradición: el socialismo, el marxismo. Nos invita a hacer política en sentido histórico.

Anibal Quijano señala (en el marxismo de Mariategui: una propuesta de racionalidad alternativa) que Mariategui irrumpe en el debate político de su tiempo frente a la socialdemocracia (y su tendencia cada vez más clara hacia el revisionismo expresado en el texto de Eduard Bernstein, Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia) y la ortodoxia del marxismo-leninismo. Mariategui toma distancia frente a ambos e intenta constituir en America Latina, dice Quijano: “lo que Sorel había hecho en Francia: un pensamiento filosófico-politico vinculado a la herencia intelectual de Marx, que parte de ella sin dejar de guardar a su respecto una enorme autonomía y libertad teorica e intelectual”.

Este esfuerzo es de enorme actualidad en nuestro tiempo. Estamos atrapados dentro de las coordenadas filosóficas, políticas e ideológicas del liberalismo y de la burguesía. En el fondo más o menos explícitamente se inscribe las expresiones más importantes del izquierdismo: el liberal-socialismo y la izquierda verde.

En relacion al primero: como sabemos, para Marx, el fetichismo de la mercancía tiene que ver con que ésta, la mercancía, proyecta el carácter social del trabajo como si fuese un carácter material, un “don natural”, del propio producto del trabajo. “Como si la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social restablecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores” (Marx, El Capital Tomo I). En mi opinión existe un fetichismo de la política que se expresa en la definición que Lynch hace de la política: “la superación definitiva de la definición de la política como oposición amigo-enemigo para reemplazarla por una definición de competencia y cooperación democráticas que permita la construcción de una nueva comunidad política” (Lynch, Politica y Antipolitica en el Peru, 2000).

Para el liberalismo, que es “ante todo y sobre todo un programa político”, como señala Chantall Mouffe (Entorno a lo político, 2007) “un adversario es simplemente un competidor. El campo de la política constituye para ellos un terreno neutral en el cual los diferentes grupos compiten por ocupar las posiciones de poder; (…) no cuestionan la hegemonía dominante, y no hay una intención de transformar profundamente las relaciones de poder”. Esto es de primerísima importancia pues la definición de la política como “cooperación democrática para la construcción de una nueva comunidad política” supone la forma fantasmagórica de una relación entre “ciudadanos libres e iguales”. Pero lo que oculta esta noción liberal de la política es que las ideas de igualdad, solidaridad y libertad, sobre las cuales descansa el concepto burgués de ciudadanía, no son independientes de las relaciones sociales de producción. Por lo que no es cierto que existan “ciudadanos libres e iguales”. Un claro ejemplo de esto se puede apreciar en la firma del contrato de trabajo, donde el trabajador no es en absoluto “libre” de acordar con el capitalista la venta de su fuerza de trabajo. El trabajador sabe que si no firma el contrato, afuera hay cientos (el ejército de reserva) que si lo harán y en consecuencia lo que le esperará es el hambre y la pobreza, el suyo propio y de su familia. Por tanto, en el fondo lo que Lynch no dice, porque lo ha olvidado o voluntariamente oculta, es que la política es lucha de clases.

 En relación al segundo algunos/as sostienen que el cambio climático es la contradicción central de nuestro tiempo. Por cuestiones de tiempo, a lo ya señalado líneas arriba, añadiré que si el CC es la contradicción principal como se explica que al menos mil millones de trabajadores/as ganen al día 2 dólares o que en Perú quienes viven en pobreza multidimensional superen los 11 millones. O como a partir del CC se pueden explicar la violencia de género y las distintas formas de opresión.

Y es precisamente en Marx y Mariategui donde encontramos el esfuerzo por encontrar la unidad en la multiplicidad. Si el problema libertad-necesidad es fundamental en el pensamiento de Marx (como el mismo lo señala en el tomo III de El Capital) (otra forma de decirlo es la emancipación del proletariado) no es porque anule a los otros sino porque los contiene, los explica. Los socialistas hemos de reconocer la relación dialéctica que existe entre el Todo, el Universal, y sus partes, el Particular. Es en esa relación donde se juega el destino de la humanidad y de toda vida en el planeta.

Quijano señala también que en Mariategui hay un esfuerzo por “elaborar una racionalidad integradora … un modo de elaborar la realidad desde dentro de su historicidad. Y esta en América Latina no se despliega como un continuum homogéneo que se desenvuelve linealmente en el tiempo. Se trata de una estructura constituida desde sus raíces por elementos históricamente heterogéneos y que no puede en consecuencia ser percibida de otro modo sin perderla o distorsionarla”. Es en ese orden de ideas que los problemas del indio y la nación “configuran un tema clave en Mariategui: Dice Quijano: “junto con las relaciones de clase, actúan no solo la pluralidad, sino la heterogeneidad de la cultura, de las respectivas relaciones intersubjetivas en esta sociedad”.  Para Quijano: hay un tema central, no único, hoy: “la necesidad de reconstituir la racionalidad alternativa que planteó Mariategui, a fin de intentar de nuevo lo que fue derrotado, es decir, actuar, transformar y conocer la realidad desde dentro de ella misma”

Dice Osvaldo Fernández-Díaz (en: https://kmarx.wordpress.com/2013/10/12/gramsci-y-mariategui-frente-a-la-ortodoxia/) que tanto Mariategui y Gramsci “detrás del impacto de la revolución rusa ambos pensaron en Marx en términos de ruptura, por lo que la dinámica dominante de sus reflexiones es la de superación de una ortodoxia y la duda permanente acerca de la necesidad de reemplazarla. Por ello toman distancia de lo que era oficial en la esfera marxista antes de la Primera Guerra Mundial, colocándose fuera de la órbita de la Segunda Internacional. Sin embargo, aún refutando la ortodoxia de ésta, tienen en cuenta las insuficiencias teóricas de Bernstein, que ven como el otro extremo del dogmático Kautsky …. Para ambos,  regresar a Marx significó para ambos salir del esquema ortodoxo de la Segunda Internacional; rechazar cuanto ofrece un sistema protegido y positivista. Su manera de pensar nace por lo tanto de la perspectiva de una rotura total con la ortodoxia vigente. La novedad del marxismo elaborado por Mariátegui y Gramsci, los cuales se atuvieron a realidades diferentes, reside precisamente en el hecho de que se trata de un marxismo que no presupone una casa protectora”.

Y es aquí donde quisiera hacer una rápida reflexión en torno a Hegemonía. Para Gramsci la hegemonía tiene que ver con la cuestión, y el análisis, de las relaciones de fuerza. Así, distingue en la “relación de fuerza” grados o momentos:

“1) una relación de fuerzas sociales estrechamente ligada a la estructura, objetiva, independiente de la voluntad de los hombres, que puede ser medida con los sistemas de las ciencias exactas o física. Sobre la base del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción se tienen los agrupamientos sociales, cada uno de los cuales representa una función y tiene una posición dada en la producción misma. Esta relación es la que es, una realidad rebelde: nadie puede modificar el número de las empresas y de sus empleados, el número de las ciudades con su correspondiente población urbana, etcétera. Este planteamiento fundamental permite estudiar sin en la sociedad existen las condiciones necesarias y suficientes para su transformación, es decir, permite controlar el grado de realismo y de practicabilidad de las diversas ideologías que han nacido en su mismo terreno, en el terreno de las contradicciones que aquella ha generado durante su desarrollo.

2) Un momento subsiguiente es la relación de las fuerzas políticas, o se la evaluación del grado de homogeneidad, de autoconciencia y de organización alcanzado por los diversos grupos sociales. Este momento puede ser a su vez analizado y distinguido en varios grados, que corresponden a los diversos momentos dela conciencia política colectiva, tal como se han manifestado hasta ahora en la historia.

El primero y más elemental es el económico-corporativo: un comerciante siente que debe ser solidarios con otro comerciante, un fabricante con otro fabricante, etcétera, pero el comerciante no se siente todavía solidaria con el fabricante: ósea que se siente la unidad homogénea, y el deber de organizarla, del grupo profesional, pero todavía no del grupo social más vasto.

Un segundo momento es aquel en el que se alcanza la conciencia de la solidad de intereses entre todos los miembros del grupo social, pero todavía solo en el campo meramente económico. Ya en este momento se plantea la cuestión del Estado, pero solo en el terreno de alcanzar una igualdad político-jurídica con los grupos dominantes, porque se reivindica el derecho de participación en la legislación y en la administración y tal vez incluso de modificarlas, de reformarlas, pero en los cuadros fundamentales existentes.

Un tercer momento es aquel en que se alcanza la conciencia de que los propios intereses corporativos, en su desarrollo actual y futuro, superan el círculo corporativo, de grupo meramente económico, y pueden y deben convertirse en intereses de otros grupos subordinados. Esta es la fase más estrictamente política, que señala el tránsito neto de la estructura a la esfera de las superestructuras complejas, es la fase en la que las ideológicas germinadas anteriormente se convierten en “partido”, entran en confrontación y se declaran en lucha hasta que una sola de ellas o al menos una sola combinación de ellas, tiende a prevalecer, a imponerse, a difundirse por toda el área social, determinando, además de la unidad de fines económicos y políticos, también la unidad intelectual y moral, situando todas las cuestiones en torno a las cuales hierve la lucha no en el plano corporativo sino en un plano “universal”, y creando así la hegemonía de un grupo social fundamental sobre una serie de grupos subordinados. (GRAMSCI, Antonio, Cuadernos de la Cárcel Nro. 13, Tomo 5, p. 35-37. En: http://www.mediafire.com/view/428u1e0lx9lv6t1/Cuadernos_de_la_c%C3%A1rcel_(Tomo_V)

Para Errejon en su análisis del proceso boliviano, la actividad hegemónica tiene que ver con “aquella por la cual un grupo social con la capacidad material y simbólica necesaria interviene en un contexto de dislocación y heterogeneidad articulando diferentes sectores en una nueva “voluntad colectiva” que, representando sus intereses de grupo, integra en forma subordinada los intereses de grupos subalternos y es capaz de presentarse de forma plausible como un progreso universal de “la sociedad”. (ERREJON, Iñigo, Tesis Doctoral, La lucha por la Hegemonía durante el Primer Gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo).

Yo diría, en apuntes iniciales todavía y a la luz de la obra y vida de Jose Carlos Mariategui que él estuvo embarcado en un esfuerzo de este tipo, es decir en la construcción de una hegemonía. Y motiva la acción política de nuestro tiempo.

Muchas Gracias

*Texto presentado en el evento Mariátegui, la Unidad y los Socialistas del Bicentenario. Llevado a cabo en la Casa Museo José Carlos Mariátegui en Lima, el 7 de Mayo del 2015.

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