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Por Alexis Baila*

Analizar o defender determinadas posiciones en la actual política peruana se realizan desde perspectivas -que podrían llamarse- coyunturales, pero que al mismo tiempo se producen desde un desconocimiento sobre una característica capital de esta categoría: que la coyuntura es una expresión de la estructura.

Es decir, los fenómenos estructurales son histórica y culturalmente situados, imbricados en la raíz de la sociedad; y los fenómenos coyunturales son acontecimientos que expresan, desde la particularidad del momento, aquellos fenómenos.

No tener en cuenta lo mencionado anteriormente se realiza no solo por un desconocimiento de lo que significa hablar de coyuntura sino que también es una posición política de los grupos de poder dominantes. Como lo ejemplifica Marx: “No es posible establecer que las instituciones son un producto natural y por tanto eterno. Existe una historia detrás”. Esta crítica nos da entender que el capitalismo tiende a naturalizar su sistema y las instituciones que son funcionales a ella para no ser cuestionados y, por lo tanto, no podemos caer en aquella falacia.

En el país, son los poderes fácticos (que tienen como principal aliado los medios de comunicación) quienes naturalizan los problemas coyunturales para que no se produzca una crítica radical sobre los fenómenos de la sociedad, evidentemente, estos grupos tienen un interés común: mantener controlado el país desde su posición y que sus habitantes no empiecen a cuestionar las decisiones políticas que se toman desde el estado (controlado por estos grupos) que llevaría inherentemente a una crítica de las decisiones que se toman en los órganos de gobierno y que los afecta directamente.

Sin embargo, lo que causa estupor, no es la posición de aquellos; pues, es inevitable que quieran seguir reproduciendo un sistema neoliberal institucionalizado desde el gobierno de Fujimori. Lo que parece contradictorio es que también se realice un sector de nuestra casi inexistente sociedad civil que se autodenominan críticos de estos grupos (básicamente está constituida por diversas ONG´s o en las agrupaciones políticas de izquierda, visibles en la escena limeña).

La crítica central de la sociedad ha sido dejada de lado en el país, por conveniencia de los grupos dominantes, pero también por las organizaciones que dicen buscar un cambio en el Perú. Se pronuncian sobre problemas inmediatos y no van más allá de los escenarios. Cayendo consustancialmente en la retórica.

Alberto Flores Galindo, en “Carta a los amigos”, nos alerta que “la izquierda está étnica y culturalmente distante de las mayorías populares. No puede sentir como ellos y no los incorpora en sus cargos dirigenciales”

Por ejemplo, el caso de Bagua, se denuncia los atroces acontecimientos en la “curva del diablo” del 5 de junio del 2009, incluso se hacen eventos culturales a miles de kilómetros de distancia del lugar de los hechos, sin embargo, ¿qué tanto se hace para comprender el mundo amazónico y proponer soluciones institucionales desde su visión? Soluciones que no solo se empiecen a discutir alternativas del bien común sino también de poder (desde su realidad inmediata) que cuestione su difícil relación con el mundo occidental y un Estado que, prácticamente, no los representa.

Lo mismo sucede con la izquierda, se presenta ante la sociedad, tratando de quitarse el estigma que la derecha le ha impuesto con respecto del MRTA y SL, ya no cuestionan radicalmente la sociedad si no que sus opiniones giran en torno a problemas inmediatos y las elecciones. Argumentan, que han superado su pasado “conflictivo”, siendo ahora, “la izquierda moderna y democrática”, que ya no propugna la teoría del conflicto si no que creen en el Mercado y las diversas decisiones que se toman en función de él. Además, su lectura del país sigue siendo occidental, no intenta entender las diferentes expresiones que existen en el país y tampoco proponen alternativas viables al sistema desde nuestra compleja realidad. Por otro lado, aún existen agrupaciones políticas que siguen analizando el país como si la década del setenta se hubiera congelado en nuestra realidad social.

En el siglo XX se creó sujetos sociales como el indio, el campesino, el cholo que, supuestamente, producirían la modernización y la revolución nacional. Un intento de hacer un cambio desde el otro, dejando de lado a ese otro. Como hoy, cuando hablan en nombre del pueblo, pero ¿qué significa la categoría “pueblo” en el Perú y qué personas dicen representarlo? Alberto Flores Galindo, en “Carta a los amigos”, nos alerta que “la izquierda está étnica y culturalmente distante de las mayorías populares. No puede sentir como ellos y no los incorpora en sus cargos dirigenciales” (…) y que varios de sus cuadros vivieron tranquilamente de las instituciones y fundaciones, donde él se incluye, mientras el Perú se encontraba cada vez más empobrecido. ¿Podemos ver esta misma situación ahora? Deberíamos responderlo y cuestionarlo.

Por lo tanto, ¿qué los haría llamarse de izquierda? O ¿son quizá una propuesta liberal y como no encuentra un verdadero partido liberal en el Perú tienen que irse hacia ella?

Necesitamos ser radicales y serlos en el sentido de la creación heroica.

Tal como señalaría Weber, cuando realiza una diferencia entre el lucro, (que se presentaba en todas las sociedades hasta en las tradicionales) con la ganancia (propia del capitalismo), no se puede confundir los sistemas por tener similares características.

El mismo caso podemos extrapolarlo con muchos “cuadros” o “partidos” de la izquierda peruana y personajes de las ONG’s: no por defender la libertad, el feminismo, el ecologismo, lo lgtb, los derechos humanos, etc. los hace de izquierda; pues, el liberalismo puede ser su principal defensor y en muchos casos lo es. Tampoco digo que no se defiendan, pero se deberían preguntar y responder ¿cómo su propuesta los diferencia de los liberales? ¿Cuál es la alternativa real de cambio que están proponiendo? Porque decir que son de izquierda porque la derecha nunca tocará esos temas no define su pensamiento y su posición política, pues, si esta los incorpora en su agenda entonces, quizá, estarían más cómodos en aquellos partidos.

El poner en evidencia y contraste estos acontecimientos nos deben llamar a la reflexión en cuanto nuestro actuar ante la sociedad y la política. En este caso, no solo pronunciarnos siempre sobre temas coyunturales o elecciones sino cuestionar estructuralmente la sociedad, además, de empezar inherentemente a generar propuestas alternativas frente al capitalismo que sean viables en países multiculturales y multiétnicos como el nuestro.

El primer paso, es interpretar rigurosamente nuestra sociedad. Teniendo presente la hermosa frase que nos dejaría Popper: “El investigador debe poner en cuestionamiento su teoría preferida”. Porque lo que más necesita el país, en este momento, es construir modelos de interpretación e instituciones que correspondan a esa complejidad que inherentemente somos. Un estado que llegue a todo al país y que represente, incluso, los ethos de nuestros pueblos. No necesitamos tratados proféticos, recetas, decir autoritaria y falazmente que el cambio pasa por las armas, reproducir consignas religiosamente o decir que los procesos de reestructuración de la izquierda pasa por solo postular a elecciones (que básicamente, es disputar el poder por el poder ya que no existe una base social que los represente como tampoco una propuesta a largo plazo). Sin embargo, sí creemos en los horizontes, pero no en los de carácter religioso.

Existe la necesidad imperiosa de proponer algo para el Perú que no solo sea radical, alternativo y revolucionario al sistema; que no solo quienes dicen representarlo tengan verdaderos representados; que solucione los problemas inmediatos de la sociedad a corto y largo plazo; que progresivamente superemos nuestras fracturas sociales; sino que también, dé esperanza a nuestras poblaciones.

Necesitamos ser radicales y serlos en el sentido de la creación heroica.

*NOTA: Este artículo me fue compartido por Alexis en marzo del 2015 como su aporte al movimiento. Su publicación quedó pendiente a la emisión de la revista de APU y la JPS. En su memoria hacemos la mayor difusión posible.

                                                                                                                         Víctor Cárdenas

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