La FUSM en la historia y sus retos actuales

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Por Víctor Cárdenas

No se trata, ciertamente, de que los universitarios dirijan el proceso revolucionario del pueblo sino de que cooperen en elevar el nivel teórico de las experiencias vividas por la clase

Guillermo Lora

En 1947 se fundó la Federación Universitaria de San Marcos –FUSM– para dar respuesta a la ley universitaria aprobada unos años antes.

Esta ley en palabras de Edilberto Huamani constituyó la tercera etapa de la reforma universitaria. Y como parte de esa implementación nace la FUSM. Al año siguiente la dictadura de Odria retrocede en lo avanzado por el movimiento estudiantil y arremete duramente contra sus dirigentes. El movimiento pasa rápidamente a la resistencia.

En el transitar de los años venideros la Federación jugó un papel importante en las luchas reivindicativas de los estudiantes. Sin embargo, esta misma historia de lucha ha sido su propio límite. La centralidad del movimiento estudiantil, post Reforma de Córdova, fue la plataforma reivindicativa. La más alta expresión de aquello fue lo que expresó el FER-Antifascista en San Marcos durante los años 70tas: La nulidad del movimiento estudiantil como actor en la discusión programática sobre el modelo educativo, que el gobierno de Velasco en 1973 puso sobre la mesa. Este fue un proceso liderado por Augusto Salazar Bondy que tenía a Paulo Freire siendo parte del equipo de la Reforma Educacional.

En el año de 1978 esta vertiente ‘ferista’ pierde las elecciones de la FUSM –el hartazgo de los estudiantes por el autismo del movimiento estudiantil había llegado a su límite– y resulta ganador la Nueva Izquierda representada por Enrique Jacoby quién venía del Partido Comunista Revolucionario (PCR), escisión de Vanguardia Revolucionaria. Esta victoria sobre los ‘feristas’ era parte de un movimiento que venía desde atrás cada vez con más fuerza. Cuando la Nueva Izquierda gana la federación representa un movimiento político y cultural de ruptura con lo anterior. La perspectiva de vinculación directa con el movimiento social le daba un perfil distinto al del FER que discursivamente planteaba el oro y el moro, pero que en la práctica no salían de la avenida Venezuela y Universitaria.

Otro punto más alto de toda esta vertiente renovadora es lo que implicó la llegada de Antonio Cornejo Polar al rectorado de San Marcos en 1985. Un mariateguista de su talla en el rectorado fue posible por el consenso de todos los sectores progresistas del país que se expresaban en la universidad. Cornejo expresaba el proyecto de una Universidad Popular, pues él hacía notar que superada la Reforma de Córdova –en el sentido de abrir las puertas de la universidad oligárquica– la universidad había entrado a un proceso de masificación sin que eso implique la reflexión sobre qué universidad queremos construir dada las nuevas condiciones, sino que todo se limitaba a repetir los viejos principios de Córdova. Es en esa crítica que formula el proyecto de Universidad Popular.

Sin embargo este proyecto dura sólo un año y medio después que Cornejo asume el rectorado. Las disputas internas de los sectores de Izquierda a nivel estudiantil le van quitando estabilidad, se suma a ello el boicot que establece el FDR y FREDUSM, que vienen de la vertiente del FER-Antifascista, liderado por Víctor Medina –luego sería decano fujimorista durante la intervención a San Marcos– desde la naciente facultad de Ciencias Sociales. Además de ello el gobierno del Apra había decidido retrasar y reducir el presupuesto de la universidad lo que ponía en crisis generalizada la vida en San Marcos que termina con la renuncia de Cornejo Polar del rectorado y la caída del proceso de construcción de la Universidad Popular.

A nivel estudiantil, este movimiento revitalizador iniciado en 1978, viene decayendo a medida que la Nueva Izquierda es desplazada de la conducción de la FUSM. Luego de Jacoby en la federación los problemas entre las organizaciones estudiantiles –PUM y Patria Roja principalmente– van creciendo a tal punto que en 1987 la FUSM se parte en dos. Una del PUM (unidad de PCR, VR y MIR), y otra de Patria Roja. La resolución de esta contradicción es el último manojo de tierra sobre la tumba de la Nueva Izquierda en el movimiento estudiantil. La última dirección de la federación cayó a inicios de los 90tas en medio de la indolencia de los sanmarquinos y la intervención a la universidad por parte de la dictadura.

Hoy después de 15 años de caída la dictadura y más de veinte años de desaparecida la federación estamos viendo su renacer. No obstante este balance histórico no plantea sino darnos cuenta que la historia se presenta primero como tragedia y luego como farsa.

Hoy vivimos un nuevo ciclo político abierto en el movimiento estudiantil luego de aprobada la Ley Mora. Ésta no implica ninguna reforma estructural al modelo educacional sino más bien la de regular los excesos del modelo universitario. A la par de ello la ley implica una contrarreforma en aspectos como la gratuidad y la restricción de ciertos derechos por ejemplo.

A nivel de movimiento estudiantil este ciclo se caracteriza por el fracaso total de esta vieja estrategia ‘defensista’ de la universidad que pone al centro del movimiento estudiantil sólo aspectos cortoplacistas y reivindicativos que han llevado al movimiento estudiantil de derrota en derrota. Sin ninguna otra agenda y a la que solo le queda recurrir, por desidia intelectual, a los viejos principios de Córdova. Patricio Maccabe anotaba que la actual universidad no puede ser defendida sin caer en el absoluto descredito. Y que en los hechos la universidad no está al servicio de los universitarios ni del país sino de la voracidad insaciable de las camarillas que no solo saquean los escasos recursos, sino que empobrecen la vida académica.

Esta estrategia  ‘defensista’ que no es otra cosa que la doctrina de la inmovilidad a lo que lleva es a ser funcional a estas camarillas mafiosas. Pues su oposición al modelo actual no es contraponiendo una Reforma Educacional sino la de solo poner por delante el ‘pliego de reclamos’ sin importar que proyecto político represente quien conduce la universidad ya que lo central es que se firme dicho pliego. Esta lógica cortoplacista es tal, que de seguir la intervención fujimorista no tendrían ningún problema en pedirles que firme su pliego de reclamos y así desarticular y quitarle el filo transformador al movimiento estudiantil de construir un programa de Reforma. En el fondo esa estrategia ‘defensista’ y gremialista –en la que los estudiantes solo tienen que preocuparse en estudiar y no en cuestionar el sentido de la educación por ejemplo– lo que hace es ser funcional al status quo que ellos discursivamente dicen combatir.

Es en este momento crucial de este nuevo ciclo político que urge la necesidad de replantear la conducción del movimiento estudiantil. Para avanzar en torno a un escenario de reforma educacional tiene que haber un golpe de timón. Aquello pasa por el planteamiento de la construcción de movimiento estudiantil en torno a una estrategia que periodo que permita avanzar hacia una reforma educacional a partir de un programa construido democráticamente por la comunidad educativa y los diversos movimientos sociales.

Lo que nos ha enseñado la aprobación de la Ley Mora, y la apertura de este nuevo ciclo político, es que no existe posibilidad de éxito si no logramos dar el salto de la plataforma reivindicativa a la plataforma programática. Tenemos que entender –no hay posibilidad que bajo la misma conducción cortoplacista y ‘defensista’ se logre– que lograr una reforma educacional depende de contraponer al actual modelo educativo neoliberal un modelo educativo democrático, plural y de calidad. Que la oposición no es a las reformas superficiales (llámese Ley Mora, Ley Sanchez, etc.), sino al sistema. Si no partimos de la premisa que el actual sistema político no permite reformas de fondo terminaremos dispersos y sin posibilidad de generar alguna alternativa real de un movimiento estudiantil que en unidad con el amplio movimiento social logre cambiar la actual estructura de país y logre los cambios de fondo al actual modelo educacional.

En síntesis, al modelo neoliberal –a este que conocemos y vivimos– se tiene que contraponer un modelo de universidad pública. Para ello es necesario el balance político y la reflexión teórica respecto al movimiento estudiantil y la reforma educacional. No olvidemos que estos viejos rezagos presentes en el movimiento –además mencionados en su trayectoria histórica– en esta defensa acrítica de la universidad no supo, si saben aún hoy, oponer a la Ley Mora otra cosa que no sea el actual modelo universitario que todos padecemos. Con esta lógica jamás se construirá movimiento estudiantil de masas.

Urge un bloque de conducción con claridad programática. La historia nos enseña que nada es absolutamente nuevo, que siempre se es continuidad y ruptura. Es en esta perspectiva que nos ubicamos. Ruptura de este modo de abordar las luchas que ha llevado al movimiento a la actual situación de derrota y continuidad del espíritu rebelde y renovador de sus mejores días de gloria.

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